domingo, 30 de agosto de 2015

Aunque todo se fue.



Aunque todo se fue
y ya nada queda,
aunque ya no brillamos
y tenemos miedo,
aunque cuesta vivir 
y molesta respirar,
siempre nos quedará pensar
que hubo un día en el que
ambos, juntos, fuimos poesía.



Tristeza de un poeta.


Tristeza para un poeta
es tener miles de versos,
versos sin nombre ni apellido,
versos casi gloriosos,
versos, en fin, huérfanos.

Tristeza para un poeta es
no poder desarmar con sus versos
ni poder regalarlos,
no compartir miles de ellos
ni poder robarte un verso.

La tristezza para un poeta son, en realidad,
esos besos.

Mientras muero.


Mientras muero
tú vives la vida 
que yo imaginé 
para los dos,
usando las armas
que tanto quería,
destrozándome el alma,
mi alma ya partida. 

jueves, 9 de abril de 2015

Puto final

Mi única verdad,
mis versos vivos
mi vida en todo,
mis alas de angel
ahora rotas de raíz,
mis ganas de vivir
atadas a una cama
llorando y recordando
todo lo que fue 
y lo que es aun 
en este corazón 
taquicardico y revuelto
que no deja dormir
si tu no estas aquí.
Me sobra ilusión para dos
el problema es 
que mi doble
es tu mitad,
que los besos 
a mi me saben
a mar como siempre,
y tu pareces haber cambiado
este mar por la soledad
del no saber o no querer
volver a verme
como antes.
Mis puertas abiertas,
tus ventanas cerradas,
aquí estaré siempre
dispuesto a todo
por el amor
que se te ha roto.

martes, 4 de noviembre de 2014

Firmar las nubes con los dedos.

Quien no juega no pierde,
pero tampoco ganará
el premio de sus sueños,
por el que ríe llora y ama.


El error de vivir en silencio,
de huir al eterno secreto,
de no expresar en la mirada
y de siempre mostrar respeto.


Firmar las nubes con los dedos,
con los pies bailar el alma,
mano a mano de emociones
que usan notas como espada.


Abrir siempre ventanas al mar,
dejar que su cálido vapor
penetre en tu mente, respirar,
y usar la arena como guía.


Sólo así razona el corazón,
recomponiendo un alma partida
y cimentando el calor
de la felicidad de una vida.


jueves, 23 de octubre de 2014

Dolores promesas.


Hoy tengo agujetas, pero no agujetas físicas, sino agujetas mentales, de las que te bloquean hasta el punto de observarte desde fuera y contemplarte como un auténtico payaso.
Tengo promesas de amor, tengo promesas de trabajo, tengo promesas de ocio, tengo promesas de fe, tengo promesas de compromiso, pero la única cosa que no tengo es tiempo para esas promesas.
Es muy curioso cómo teniendo 24 horas al día, no hay hora que no desee que el día sea más largo. Ojala el día tuviese 42 horas, para poder prometer a diestro y siniestro, para poder prometer todas esas cosas que sabes no cumplirás.
Yo he decidido no prometer cosas imprometibles, no buscar imposibles, o al menos centrarme en los imposibles que ya tengo en mente. Se debe luchar por las batallas que crees no podrás ganar, por que para las fáciles no hace falta luchar, pero no hay que sobrevalorar el desgaste de tu espada.
Yo me enorgullezco de mis luchas, son luchas que llenan, que te marcan, que te hacen sentir vivo, me enorgullezco de lo que hago.
En cambio hay otras promesas en las que te ves involucrado, guerras en las que no entiendes el fin, en las que has olvidado el por qué luchas, y esas son las promesas que duelen, que queman el alma, que generan agujetas mentales.
Y con un alma quemada y una mente dolorida por flechazos provenientes de fuego amigo sólo se me ocurre meterme en mi cueva, escribir algo e intentar servir de algo al día siguiente, cuando las agujetas remitan o alma cicatrice.

viernes, 11 de julio de 2014

Otoño de vida

Es importante pensar
en lo que depara el destino
pero también hay que velar
por no perderse en el camino
de los que vienen y van
sin nada nuevo que aportar,
de aquellos que creen
poder vivir sin amar.


Las noches caldean la tinta creadora,
huérfanas de padre
y como única progenitora, la Luna.
Paisajes de versos se me antojan al pensarte,
desordenados, embrutecidos, ansiosos por hablarte.
Rienda suelta al alma libre
que vuela sin querer
hasta en tu lápida posarse
para velar el descanso eterno
que recibió tu injusto perecer.


Aquellos días cálidos,
noches frías, húmedas, desamparadas,
que presenciaron nuestros primeros besos
con aroma a agua salada.
Agrio se nos mostró el principio
mas no vimos que, tras años,
mucho más agrio sería el final,
y capaz de hacer mucho más daño,
pues antaño el único que nos vio llorar
fue el eterno y oscuro mar.


Y es que a veces siento
que no podría siquiera pensar
si no tuviera aquella vela
en el alfeizar de nuestro ventanal,
infinita, fulgurante y tenaz,
demostrando con su perpetua luz
que me sigues mirando
buscando entre mi alma azul
aquel respiro sosegado
que todo podía sanar.


La vida misma muerta yace
no me deja respirar,
pero mis recuerdos siguen vivos
allá donde tú estás,
observando nuestro amor que nace
de la más pura bondad
que demostraste antes de irte
para no volver jamás.